lunes, 25 de marzo de 2013

En un lugar de la mancha... en el que se perdieron Welles y Gilliam


La leyenda del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha se considera como uno de los mitos funcionales de la identidad española. El cine no ha sido ajeno a las aventuras de este burlesco personaje obsesionado con las novelas de caballería. Muchas adaptaciones han llegado a buen puerto, pero cuando directores extranjeros de prestigio se han interesado por el mito el resultado ha sido bien distinto. Recorremos las desventuras de Orson Welles y Terry Gilliam en su intento por establecer lazos entre la cultura anglosajona y la hispánica.

Miguel de Cervantes alcanzó con "Don Quijote de la Mancha" uno de los episodios cumbre de la historia de la literatura universal. Creó un personaje carismático, atrapado en la locura y en el idealismo. La fuerza visual de imágenes como la de Don Quijote y su escudero Sancho Panza al ataque contra unos molinos hizo que desde bien pronto el séptimo arte estableciera una relación de especial interés hacia la creación de Cervantes.  Muchas de las adaptaciones son de cinematografías diferentes a la española, lo que demuestra el alto poder de atracción intercultural de esta figura novelescaDon Quijote y el audiovisual cabalgaron mano a mano desde la aparición del cinematógrafo. Ya en 1898, la productora francesa Gaumont realizó una adaptación de parte de la obra magna de Cervantes, si bien no se conservan copias de aquel intento. 


Don Quijote como némesis del mito
de la revolución del proletariado en
'Don Kijot" (1957)
Con la llegada del sonoro, proliferan las adaptaciones de toda suerte y tipo. La tendencia ha sido la de imprimir a la figura caballeresca del Quijote de nuevos significados. Destacan así algunas como la comedia "Don Quijote cabalga de nuevo" (R.Gavaldón, 1973) con Cantinflas en el papel de Sancho. La aproximación hollywoodiense más destacada fue el musical "The man of La Mancha" (A.Miller, 1972), que contó con la presencia de estrellas como Peter O' Toole o Sofía Loren. Incluso los soviéticos reinterpretaron la obra desde la perspectiva de la lucha de clases a través del filme "Don Kijot" (G.Kózintev, 1957). No obstante, los proyectos más ambiciosos fracasaron, lo que ha creado una cierta leyenda negra en torno a El Quijote como novela inadaptable. Los casos más curiosos al respecto fueron los de Orson Welles y Terry Gilliam.

El último acceso de megalomanía de Orson Welles

Orson Welles pudo ser el mejor director de la Historia del Cine. Obras como "Ciudadano Kane" (1941) o "Sed de Mal" (1958) así lo atestiguan. Sin embargo, los estudios de Hollywood dieron la espalda al enfant terrible de la industria en múltiples ocasiones, ante las ansias de libertad creativa de Welles y la pobre taquilla de sus proyectos. Por ello, Welles realizó buena parte de sus obras en Europa, donde si encontró productores dispuestos a arriesgarse. Así fue como se produjo un curioso idilio entre Welles y España. Declarado republicano, Welles aterrizó en la España de Franco en 1953 para rodar "Mr.Arkadin". Pronto, se vio fascinado por la cultura, los toros y los tablaos flamencos. Llegó a dirigir producciones como "Campanas a medianoche" con un equipo técnico enteramente español y quedó prendado por la historia de Don Quijote.


Don Quijote en el cine: Uno de los muchos anacronismos
de la inconclusa versión de Orson Welles 
Welles acarició su objetivo de rodar una adaptación de la historia de Cervantes. En 1955 emprendió en España las pruebas de fotografía para un modesto de film para la cadena CBS con el actor ruso Akim Tamiroff como Quijote. No obstante, la inversión de 25.000$ de Frank Sinatra convirtió el proyecto en un largometraje para cines. El rodaje se trasladó en 1957 paradójicamente a México con Francisco Regueira como nuevo Quijote. La sinopsis pretendía trasladar a Don Quijote y Sancho al siglo XX como coartada argumental para plantear un juego entre realidad y ficción de los que tanto gustaban a Welles. Don Quijote persiguiendo a una Dulcinea montada en Vespa, el caballero arremetiendo contra una procesión de Semana Santa o Quijote y Sancho asistiendo a una fiesta de disfraces son algunos de los anacronismos más destacados.

Sin embargo, las dificultades económicas volvieron y Welles interrumpió el rodaje ante . Aún así, Welles aprovechó los descansos entre rodajes para proseguir con este proyecto. Rodó escenas en Málaga, Sevilla, Pamplona o Roma con material de otras producciones. En 1967, Welles dio prácticamente por finalizado su intento de adaptación. Lacónicamente, declaró que su principal obstáculo fue que los personajes de la novela de Cervantes trascienden los límites de la pantalla: "Don Quijote y Sancho tienen una vida que yo como cineasta tampoco puedo detener". Y a cuatro meses de su muerte en 1985 todavía conservaba la esperanza de poder terminar de rodarla, como si de un enloquecido Quijote se tratara. Finalmente, buena parte del material filmado fue reconstruido por Jesús Franco con motivo de la Expo de Sevilla, aunque la versión no gustó entre los herederos de Welles.




El idealismo utópico de Terry Gilliam


Terry Gilliam en pleno rodaje de "The Man who killed
Don Quixote". No sabía lo que le vendría encima...
Terry Gilliam recogió la heroica tarea de realizar la adaptación definitiva al cine de Don Quijote. Por su perfil como director y miembro del grupo de cómicos Monty Phyton, su estética onírica y su predilección por temas fantásticos parecían adecuarse como anillo al dedo a la historia de Cervantes. Esto cristalizó en un proyecto llamado "The Man who Killed Don Quixote" y se centraba en convertir la historia en una sátira del siglo XXI en el que un ejecutivo publicitario de Londres se veía embarcado en un viaje del tiempo hasta La Mancha para participar en las aventuras del caballero andante. Todos los factores invitaban al optimismo: se trataba de una de las superproducciones europeas más ambiciosas de la historia (40 millones de dólares de presupuesto) y contaba con un elenco artístico encabezado por Johnny Depp.

El rodaje comenzó en 2000 en varias localizaciones de La Mancha. Pero se vio interrumpido abruptamente por una serie de desdichas que cimentaron una surte de leyenda negra en la relación entre Gilliam y El Quijote. El documental "Lost In La Mancha" narra algunos de estos infortunios: la infección de próstata que alejó al actor Jean Rochefort del rodaje, los ejercicios de vuelo de cazas norteamericanos que se realizaban en una base militar cercana o la tormenta que arrasó con buena parte de la escenografía. El rodaje quedó embargado y una compañía de seguros alemana se quedó con el guión del filme. 

Gilliam intentó reemprender el proyecto en diversas ocasiones. Estuvo muy cerca en 2010, cuando recuperó el control del guión y reclutó a Ewan McGregor y Robert Duvall para el rodaje. Pero la financiación falló y el sueño de Gilliam se esfumó: Disney decidió realizar una versión con Johnny Depp como productor. ¿Afectará la leyenda negra a esta nueva versión? ¿O se cumplirá la popular sentencia poderoso caballero es don dinero?

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